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martes, 10 de junio de 2008

VOLAR EN PARAPENTE

El sábado recibí mi regalo de cumpleaños, era una sorpresa de Sandra, y qué sorpresa... El sábado partimos recorriendo la Ruta del Toro con rumbo desconocido para mi; al desviarnos hacia Villamartín, pasando por Bornos, empecé a emocionarme, nos dirigíamos a Algodonales, zona de "vuelos" por excelencia de la provincia. Efectivamente, mi regalo era un vuelo "tandem" en parapente. Un cosquilleo me recorrió el interior y a la vez un cierto miedo, y no tanto por volar o por enfrentarme a mi vértigo sino por el ridículo a bloquearme o no estar a la "altura" de las circustancias...


Nos esperaba Nacho, el instructor, un tío sereno, cabal con sentido común ( que suele ser el menos común de los entidos), que desde el primer momento nos infundió tranquilidad, su saber estar y responsabilidad, junto a Antonio, otro chico, buena gente el colega, que volaría esa misma tarde, como yo, por primera vez. Cuando subimos a la zona de salida, me sorprendió gratamente el ambiente que se respiraba, un grupo de colegas, unidos por la misma afición, el vuelo en parapente, disfrutando de un día al aire libre con sus familias y colegas, comentando sus anecdotas, ayudándose, bromeando y estudiando el horizonte y, sobre todo el viento. El viento es para este grupo un ser vivo que se mueve, que ruge, cambia de poniente a levante, de fuerte a suave, que sube, baja, que les susurra al oido...
Nacho, tranquilo y profesional, respondió todas nuestras dudas, y con unas explicaciones breves y concisas nos preparó para el despegue... tras colocarnos el equipo, esperar los caprichos del viento oscilante dí unos pasos anclados a mi instructor y... arriba, ya estábamos en el aire, cumplienso el sueño de tantos hombres desde tiempo atrás, el sueño que tuvieron los hermanos wright, volar. Desde el cielo todo es calma y paz, unas vistas preciosas nos rodeaban, buscamos corrientes de aire caliente, ascendimos, nos fundimos con ese fluido que es el aire mientras los buitres nos miraban curiosos ante la usurpación de su medio por unas "aves" extrañas para ellos. Me sentí feliz, relajado, incluso después de unos "giros en picado" que acercaron mi estómago a mi gargante, y tras recorrer el cielo, un descenso suave nos llevó a la zona de aterrizaje donde la pericia de Nacho hizo el resto.
Después de esta fantástica experiencia, nos reunimos con el resto de colegas ante unas cervezas, (como buenos españoles) comentando las experiencias, en un ambiente sano y distendido, narrando las "batallitas", las experiencias de un grupo que ha hecho del parte meteorológico su leit motiv.
A cualquiera que no haya disfrutado de un vuelo en parapente, que no lo dude, gente como Nacho y estos "parapenteros", hacen que volar sea fácil y divertido, te hacen sentir esa sensación que sólo se tiene cuando tus pies no tocan el suelo, te acogen como un compañero más, disfrutando del antes, de el durante y el después. Gracias a todos.
(música: Pink Floyd, "learning to fly")
Nota: Si quereis más información no dudeis en contactar conmigo, animaos

lunes, 2 de junio de 2008

I Correr, una sensación agridulce


Cuando corres acabas olvidando todo lo demás, tu cuerpo y tu mente entran en estado distinto al habitual, te fundes con tu mp3 (más cómodo y ligero que mi anterior Walkman) y te sientes dentro de una burbuja con música de fondo como en un video musical. La melodía de fondo y las imágenes cruzando ante tus ojos mientras tu corazón ejerce de bajo y batería al unísono, marcando un ritmo del que no te puedes abstraer..

Correr en una sensación agridulce, por una lado tu cuerpo, después de un tiempo te empieza primero a susurrar "para, ya es suficiente..", mientras tu mente lucha por no verse derrotada por el cansancio, pero cuando llegas a la meta, a tu meta, la que tú te has impuesto, la que has elegido, más lejos o más cerca, más o menos dura, una gratificante sensación te inunda y te sientes bien, extrañamente agusto contigo mismo...